Este artículo me toca cada poro de mi piel, de mi mente, de mi corazón… de mi alma.

Desde niña he convivido con personas que han sido diagnosticadas de una enfermedad o trastorno mental por escuchar voces, tener delirios y/o paranoias. Personas tan importantes, influyentes y queridas como mi madre, mi hermana y mi hija, también tíos y primos, etc.

Supongo que esto tiene mucho que ver con la firme decisión que tomé hace ahora 3 años de ser coach.

Di ese giro a mi vida súper convencida y segura, quería dedicarme de lleno a mi pasión por las personas, a profundizar en sus pensamientos y en sus emociones, pero sobre todo a enfocarme en su brillantez, en su sonrisa y en lo que muchas de ellas no se reconocen: sus fortalezas.

Esto es a lo que me dedico con tanta pasión: a despertar el brillo y la conciencia en las personas.

Mi profesión me ayuda a ser mejor persona, a crecer y a comprender cosas que de niña no entendía. Mi trabajo le da un sentido a mi vida maravilloso y muy especial.

Mi madre me enseñó a comprender cosas que no lograba entender y a la vez, a quererla incondicionalmente. Me enseñó a mirar desde mi corazón y a saber que detrás de su mala cara, de un grito o de una incoherencia siempre había amor, mucho amor. Me enseñó a querer y sobre todo a sentirme querida, a confiar y a sonreír. A creer en ella y a valorar muchísimo los buenos momentos. Sus momentos de lucidez. Esa fue mi tabla de salvación, enfocarme en su luz. Su amor.

Ahora mismo tengo un cliente al que admiro muchísimo que combina el tratamiento con su psiquiatra y psicóloga con sesiones de coaching conmigo. Me confesó que desde los 15 años no para de oír voces en su cabeza, además de otras ideas. Ahora tiene 35 años. Su psiquiatra dio su consentimiento para empezar con el proceso de coaching, porque pensó que era un apoyo perfecto ¡¡Y así lo está siendo!!

Pienso que igual que en un momento dado la medicación es muy necesaria (así lo he vivido con mis familiares), la escucha, la aceptación, el permiso, la compasión, la creatividad, el cariño, la confianza y el amor hacen que las personas se sientan vistas. Importantes. Queridas. Vivas.

Y desde esta humanidad es necesario animarlas a que aprendan a tomar conciencia y a darse cuenta de que nuestros pensamientos los generamos nosotros mismos, que nuestras emociones dependen de lo que pensemos y es eso lo que determina nuestra actitud y la energía que queremos tener para empezar cada mañana un nuevo día. Para empezar cada día una nueva vida.

Entrena tu mente y tu corazón. Practica, practica y practica. Todo empieza por ti, por tus 8 Espacios.

Gracias por leerme,

Un abrazo y mucho amor.