La mujer estrella que os va a inspirar hoy es mi hermana pequeña, por ello no puedo evitar escribiros muy emocionada. Su historia me acaricia el alma y despierta en mí recuerdos encontrados; cargados de sufrimiento e impotencia y a la vez de amor y comprensión.

Si me lees habitualmente sabrás que me encanta escribir sobre las mujeres bonitas que pasan por mi vida, hace ya algunos meses que decidí dedicarles un post mensual, una iniciativa de la que me siento muy orgullosa y que ha tenido una acogida increíble.

Hoy reconozco que escribir sobre mi hermana Laura es diferente, ya que es una mujer estrella que está muy cerquita de mi corazón, por ello es un post que escribo con una emoción muy tierna y especial.

Admiro profundamente a mi hermana pequeña, cierro los ojos y me traslado a mi niñez, y veo en ella a una niña altamente sensible a la vez que amorosa y bondadosa. Abro los ojos y veo a una mujer valiente, a una artista imparable, a una hija entregada, a una amiga incondicional, a una hermana brillante.

Hermanita, te admiro por tu capacidad para sostener día a día todo tu abanico emocional, por tu entrega, por tu amor. Gracias por compartir tu historia e inspirar a otras mujeres. Mamá seguro que desde allá dónde esté, está sonriendo de orgullo por ti.

Aquí tienes la historia de su vida contada por ella misma, deseo que te inspire y te conecte con tu esencia:

Laura Panadés

“Me llamo Laura Panadés, tengo 44 años y esta es la historia de mi vida:

Mi infancia y juventud estuvieron marcadas por la dislexia, el divorcio de mis padres, la esquizofrenia de mi madre y una relación seria con un chico que empecé a los 14 años. 

Me puse a trabajar en varios trabajos en los cuales no duraba nada, tenía subidas y bajadas de ánimo, me sentía inútil y tenía la autoestima por los suelos.

A los 20 años mi vida era un caos de psicólogos. 

Con 30 años, tras perder totalmente el contacto con la realidad mi padre logró que visitara a un psiquiatra, fue entonces cuando me diagnosticaron un trastorno bipolar, la medicación me ayudó a conectar de nuevo con la realidad y a tocar más de pies en tierra.

Gracias a los consejos de mi padre, al que adoro, a los 34 años empecé clases de piano, me di cuenta que el piano me ayudaba, también empecé a pintar cuadros y a escribir.

La creatividad, el piano y la pintura se han convertido en mi terapia, pienso en imágenes más que en lenguaje verbal. El arte para mí ha sido lo más grande que me ha pasado, además de mi familia, mi novio y mi mejora amiga, ellos me han apoyado siempre. 

Pienso que el arte es curativo, gracias a él sigo en esta vida con la ayuda de la medicación“.

¿Tienes una historia de vida que merece ser contada? ¿quieres inspirar a otras mujeres?, si tu respuesta es sí! contáctame ahora aquí mail@gemmapanades.com

Con amor,

Gemma