Luisa Maria CapoNo tengo palabras para agradecer a Luisa su testimonio, unas líneas llenas de emociones que nacieron de una sesión de coaching grupal durante el 2º módulo de nuestra formación en coaching, liderazgo y relaciones.

Ella, igual que Andrea Valencia, decidió una vez acabado su propio proceso personal de coaching formarse como Líder, coach y facilitador Impacta en nuestra Escuela.

Su testimonio está lleno de verdad, humildad y amor.

Luisa llegó a mi web hace ya meses para recorrer juntas un precioso viaje. Con su sonrisa siempre como bandera y ese don para la escritura me enamoró al instante. Su sensibilidad y a la vez sus ganas la hicieron despegar hacia sus sueños.

Soñar junto a estas mujeres estrella es algo que alimenta mi alma y le da sentido a mi vida. Les doy las gracias de corazón a todas ellas.

Hoy comparto contigo el testimonio de Luisa. Quiero que te empapes de su bondad y que pienses en todos esos niños y todas esas niñas que en alguna ocasión se han sentido como Luisa. Y a la vez quiero también que conectes con todos esos otros niños y niñas que están en el otro extremo, los que a veces sin saberlo, desconectados de su amor interior dañan y humillan a sus semejantes.

Solo existe una manera de combatir la violencia: con amor. Empezando siempre por el amor hacia nosotros mismos.

La violencia genera violencia. El amor genera amor.

Eso es lo que Luisa sabe transmitir de forma preciosa, su amor por ella misma, por su marido, por su preciosa hija… por esos niños y niñas que la hicieron pequeñita, por el mundo entero, por el universo.

Todo un ejemplo de superación, aceptación y valentía. Luisa, te admiro. Te quiero.

¡Ahí va su testimonio! Espero que lo disfrutes y te haga crecer tanto como a mí:

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Hace una semana, me comprometí a plasmar por escrito mi testimonio después de una sesión de coaching grupal durante una práctica del 2º módulo de formación Impacta con Gemma Panadés y Laura Molina.

Momento intenso, emotivo, revelador y valiente.

Y de qué manera salió a la luz un tema que quería trabajar hace tiempo, pero que no era capaz de abordar desde mi lado Impacta.

Quiero dar las gracias infinitas, uno a uno, a mis compañeros en este viaje esencial, por su apoyo, sus no juicios, sus miradas amorosas y sobre todo por el abrazo que me sostuvo cuando caí.

No pretendo dar ni lástima ni pena, he abandonado el lado víctima, soy fuerte y estoy fuerte. No ahondaré en detalles, pero quiero explicaros que fui una niña marcada por las burlas de muchos por mi peso… burlas que hasta el día de hoy he sentido como pequeñas punzadas que me han limitado en mi día a día y que nunca he entendido.

Luisita era una niña preciosa con algún kilo de más, alegre, inteligente y buena.

Pero esos kilos de más eran lo único que muchos niños veían en mí.

Cuando tenía 5 años, mi madre se puso enferma y fue desahuciada. Mi mundo cambió radicalmente y me sentí sola, muy sola. Pasé de una maravillosa vida familiar a vivir una separación que no podía ni entender ni asumir.

Y ese momento de separación coincidió con las actitudes de muchos niños y algún que otro adulto hacia mi persona y mi aspecto, que dañaron a una niñita que sólo buscaba consuelo en los brazos de una mamá que no podía abrazarla.

Me veía expuesta a los insultos diarios desde que subía al autocar del colegio hasta que volvía a mi casa.

Subía en la última parada y me tocaba siempre sentarme junto a las mayores, en los asientos posteriores. Ese paseo hasta el final del autocar era para mí un infierno… expuesta, indefensa y avergonzada tenía que oír lo que un niño no es justo que oiga.

Esa pasarela a la que me subía cada mañana, entre el escarnio y el ataque, me ha acompañado desde entonces… esa pasarela a la que muchos nos subimos diariamente y en la que tenemos que demostrar que valemos, que somos lo que se busca de nosotros, que nos obliga a llevar una máscara y que ahoga nuestra esencia, esa pasarela que nos hace vulnerables.

Y mi madre se curó y yo fui creciendo…

Y ya no sólo se trataba del físico. Yo me exigía ser la mejor en todo… temía la no aceptación, no llegar a ser lo que se esperaba de mí. Vivía en dos mundos paralelos que nunca llegan a tocarse: el mundo en el que me obligaba a sobrevivir y el mundo que realmente me daba la vida y en el que era yo misma, el que me regalaba sueños, el que me aceptaba, el que me regaló al mejor compañero de vida, mi mundo verdadero.

Y llega mi hija y mis miedos reaparecen. Y vuelven a repetirse patrones… y es ahora cuando decido plantarme, rebelarme y romper la voz.

La esencia del ser humano es demasiado rica para tener solo una etiqueta que la defina. Sé que la nueva percepción de mí misma será la que ayude a mi hija en todo este sinsentido que algunos se empeñan en crear, esas personas que transmiten el rechazo a la diversidad en todas sus vertientes y etiquetan todo y a todos, esos que defienden su justicia, sus derechos y sus verdades pero que son incapaces de aceptar al diferente y no se detienen a pensar si realmente dañan a las personas que empiezan la vida o a las que piden una oportunidad y necesitan ante todo humanidad.

Sigo creyendo en la humanidad… soy valiente, soy buena persona, tengo sueños, una vida plena, tengo amigos, una maravillosa familia y soy bella, por dentro y por fuera.

Y eso es lo que quiero que mi hija vea en mí: aceptación, valentía y a una madre que vive desde su esencia, desde el mundo que se aleja cada vez del mundo irreal soñando con correr por una playa disfrutando de juegos y risas y ajena a las miradas que juzgan desde el desconocimiento y la ignorancia, una madre INTOCABLE.

Gracias…

Escucha esta preciosa melodía que Luisa escogió para acompañar el el texto:

Si tu también quieres soñar junto a mí y volar bien alto, escríbeme contándome cuál es tu sueño. Contesto todos los emails que recibo ¡te espero!

Un abrazo lleno de amor.