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Escribo este post inspirada en muchas de las mujeres inquietas que me contactan. Lo hago porque siento que es necesario aclarar algunas cosas respecto a mis procesos de coaching y mentoring.

Normalmente cuando una persona me contacta es porque siente una llamada en su interior, está buscando respuestas o soluciones, quiere cambios en su vida, siente una desconexión con su interior -sus 8 espacios- o está sumida en un pozo oscuro que la tiene bloqueada.

Yo, muchas veces les digo:

– El hecho de que me hayas contactado ya ha desbloqueado algo en ti, aunque no empecemos ningún proceso juntas, ya has salido de donde estabas.

La última mujer que me llamó me dijo:

– Estoy cansada de sobrevivir, quiero empezar a vivir.

¡Madre mía!, cómo me gusta que me digan esto. Es maravilloso el poder y la valentía que se despierta en esta frase.

Y es que cada una de las mujeres que acuden a mí han tenido que conectar con su luz interior para escribirme, con esas ganas de superación, con su valentía y con querer VIVIR con mayúsculas.

Todas, todas, todas estamos llenas de chispas aún en nuestros momentos más oscuros y gracias a esa oscuridad podemos descubrir esas chispas.

Bonita, hoy en estas líneas, quiero explicarte porque un proceso de coaching no siempre es la respuesta ni la solución.

Y es que cuando buscamos solamente la solución a las cosas nos perdemos la esencia de esas cosas, además, en muchas ocasiones no existe una solución posible.

En mis procesos personales no buscamos la solución a nada, sencillamente iniciamos un viaje juntas hacia tu interior, y en ese maravilloso viaje abrazamos todo tu ser, tanto los espacios más oscuros como los más iluminados.

Este viaje que emprendemos juntas, es un viaje que siempre acabas tú en solitario, es el viaje de tu vida, un viaje que no tiene un objetivo final y menos, una solución.

Porque a la vida no hemos venido a solucionar nada. Vivir es nuestro único objetivo.

El buen coaching no crea dependencia, no enseña, ayuda a aprender y a entender que en nuestro interior está todo lo que necesitamos y que las respuestas las tenemos nosotras mismas.

En mis procesos personales de coaching y mentoring, aprendemos a potenciar nuestros 8 Espacios:

Esencia: descubir nuestros valores y nuestro propósito esencial, conectar con nuestra espiritualidad.

Emoción: reconocer, aceptar y gestionar nuestras emociones, conectar con nuestra vulnerabilidad.

Creatividad: despertar nuestra inocencia, nuestros sueños, nuestras posibilidades, conectar con nuestra imaginación.

Cuerpo: escuchar, mimar y tener en cuenta a nuestro cuerpo, conectar con nuestras sensaciones físicas y nuestra respiración consciente.

Placer: sentir y permitirnos nuestro placer sexual, despertar y conectar con nuestro disfrute tanto instintivo como consciente.

Razón: tomar conciencia de nuestros pensamientos y creencias, gestionarlas y trascenderlas, conectar con nuestra practicidad y lógica esencial.

Entorno: relacionarnos y comunicarnos de forma auténtica para crear relaciones sanas y conscientes, conectar con nuestra compasión.

Intuición: adueñarnos y confiar en nuestra intuición, conectar con nuestra sabiduría interior.

Y es en esa conexión interna, cuando nuestras chispas cobran fuerza, y es entonces cuando desde la totalidad de nuestro SER podemos enfocarnos en el HACER.

Porque si queremos cambios en nuestra vida tendremos que confiar y empezar a hacer algo diferente.

Si nada cambia, nada cambia.

Si tú cambias, todo cambia.

Te dejo este precioso poema de M. Williamson para que reflexiones sobre tus chispas y tu luz interior, el único lugar donde vas a encontrar el impulso, las fortalezas y el potencial para vivir a tu manera.

Para, respira, cierra los ojos.

Abre los ojos, respira, lee, integra.

“Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro temor más profundo es que somos excesivamente poderosos. Es nuestra luz, y no nuestra oscuridad la que nos atemoriza. Nos preguntamos: “¿quién soy yo para ser brillante, magnífico, talentoso y fabuloso?” En realidad, ¿quién eres para no serlo? Infravalorándote no ayudas al mundo. No hay nada de instructivo en encogerse para que otras personas no se sientan inseguras cerca de ti. Esta grandeza de espíritu no se encuentra solo en algunos de nosotros; está en todos. Y al permitir que brille nuestra propia luz, de forma tácita estamos dando a los demás permiso para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo, automáticamente nuestra presencia libera a otros”.

Deja ya de buscar soluciones y empieza a crear posibilidades infinitas, deja ya de buscar fuera y empieza a buscar en ti. 

Con amor,

Gemma