En estas últimas semanas la vida no ha hecho más que hacerme regalos.

Regalos en forma de personas, formaciones, propuestas, reuniones, sesiones, situaciones….. regalos llenos de amor, dolor y belleza.

En mi proyecto ahora mismo hay muchas cosas bonitas y mi alma no puede evitar sonreír de alegría.

Hace 4 años tomé la decisión de lanzarme a vivir la vida que siempre soñé, después de leerme las primeras páginas de un libro de coaching eliminé para siempre la palabra imposible de mi vocabulario, alquilé el negocio de venta de pan y pasteles que regentaba desde los 21 años y me lancé al vacío guiada por mi esencia, intuición y propósito superior, si no has leído mi historia puedes hacerlo aquí.

Hoy escribo esta reflexión inspirada especialmente en los profesionales del equipo de tutela y de infancia de la fundación Aldaba a los que voy a acompañar durante 8 meses impartiéndoles una formación en coaching corporal y experiencial. Trabajar en este sector tiene mucho sentido para mí por mis propias experiencias familiares.

Hoy miro atrás y admiro todo el camino recorrido y todo lo que la vida me ha brindado.

Hoy doy las gracias por lo que he sido, por lo que he hecho, por lo que he superado, por lo que he aprendido, por lo que he soñado, por lo que he dejado, por lo que he disfrutado, por lo que he emprendido, por lo que he fallado.

Hoy abrazo el dolor sufrido, el amor vivido y la belleza sentida.

Hoy acepto y valoro la vida en toda su inmensidad porque aunque a veces duela, la vida es bella.

Con amor 

Gemma